La realidad fecunda

Espero, antes de abandonar este mundo, contemplar el fin de las ideologías. Sería un desenlace feliz para quien, como tantos de su generación, carga sobre sus espaldas más años de los que ha vivido y ha sido objeto de clasificaciones racionalistas e injustas en sucesivos períodos de su existencia.

Yo nací en 1965 y, sin embargo, mi memoria abarca las dos guerras mundiales, la guerra civil española, las carlistas del XIX, la Revolución Francesa y el siglo ilustrado que la gestó. De continuo he tenido que volver la vista atrás, hacia uno u otro acontecimiento, para dar cuenta de mi particular visión del mundo, de la configuración de la realidad que me rodea, de la sangre y el dolor tan hondo como el que se derrama en tantos rincones olvidados de la Tierra, de la mentira o la verdad a medias empleada como anestesia de nuestra conciencia desde un poder anónimo.

La versión más esquemática de las ideologías es el encasillamiento en derechas o izquierdas, conservadores o progresistas. En esta división excluyente, tener nombre propio, huellas digitales u originalidad propia es un derecho proscrito. Porque las ideologías únicamente se mantienen en los campos de batalla o de las carnicerías, y en ellos no caben ni el diálogo ni la colaboración de soldados de ejércitos contrarios.

Por eso, deseo contemplar el fin de las ideologías. Quiero que su lugar lo ocupen las ideas, el diálogo, la creatividad, la cercanía. Que quede libre el ancho campo de la realidad fecunda, en el que las cosas son como son y brillan esplendorosas. En el que da igual lo que pienses, porque comemos el mismo pan, nos resguardamos de la misma lluvia y navegamos por los océanos en barcos que saben cómo mantenerse a flote. En el que sabemos que una bala puede matar. En el que es el vientre de la amada el seno en el que se concibe el hijo, porque la realidad es mucho más sorprendente de lo que creemos, y no necesita de ninguna manipulación para dar fruto.

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La realidad fecunda

Palabras para el 2013

En estos días de loca agitación por el cambio de año (parece que estábamos ya cansados del que se ha ido), he pensado bastante en los meses por venir. Muchos hacen proyectos o bosquejan deseos. Yo, aprendiz tardío de la vida, he preferido ser más modesto y centrarme en las palabras: palabras horneadas y doradas en este frío invierno del norte.

Las escribo a continuación, según se me van ocurriendo:

familia, amigos, compañía, cercanía, equipo, mar, montaña, ríos, cerro, cielo estrellado, canción, película, creatividad, novela, optimismo, poema, dignidad, teatro, caranday, lapacho, picaflor, maestro, conversación, Pixar, Tolkien, universidad, ópera, libertad, bien común, solidaridad, ayuda, horizonte, cuadro, formación, fe, amor, felicidad…

Lo dejamos ahí.

Palabras para el 2013

Mirada nueva

En estos días me llegó una advertencia: “Te leo algo triste…”. Al principio, pensé que no era tristeza lo que se leía en mis entradas anteriores, sino la realidad que nos rodea: una realidad en la que las cifras cuantifican la desesperanza de millones de personas.

Y, sin embargo, en las letras que me llegaron se escondía una verdad: la de que nuestros ojos tiñen nuestros días de colores tristes o alegres, según se les antoja.

La mirada, a la que he dedicado artículos o capítulos de un libro (y de la que parecía haberme olvidado), es capaz de transfigurar nuestro mundo y presentarlo como campo fecundo para el cultivo, como mesa para el almuerzo entrañable con los seres más queridos, como pantalla para proyectar una película fascinante.

En esta aventura no estamos solos, y es tan apasionante como olvidarse de los problemas propios para pensar en cómo juntos, con el aporte solidario y creativo de cada uno, podemos conseguir que cada familia cuente con aquello que le permita vivir con dignidad.

Mira a tu alrededor con una mirada nueva…

Mirada nueva

Se puede: contigo, se puede

Un equipo de personas capaces puede mejorar el mundo que le rodea en muy poco tiempo. Juego a imaginar palabras que definan al equipo:

flexibilidad, dinamismo, creatividad, ética, profesionalidad, cultura, anticipación, sensibilidad, entusiasmo, generosidad

Es curioso, pero son similares a las que recientemente imaginé para describir la educación que se merece el nuevo siglo.

Estoy convencido -cada vez más- de que es posible. Contigo, se puede.

Se puede: contigo, se puede

Odres nuevos para un vino nuevo

Esta semana nos hemos visto sacudidos en España con los recortes en salud y educación. Mala noticia: estas dos áreas, directamente relacionadas con la dignidad de las personas y con su capacidad para crear riqueza (no solo económica, sino social, familiar, cultural, ¡de vida!) deberían ser las últimas en ser de esta manera maltratadas.

Pienso que, en el fondo, el problema radica en que los gobernantes que tenemos son mediocres. No ataco al PP para hacer el juego al PSOE, cuya historia de corrupción y desgobierno es inquietante, y que por decencia debería desaparecer de los medios de comunicación después de la dejadez con que trataron el problema del paro (¡más de cinco millones y medio de desempleados, familias desesperadas!). No me interesa entrar en el maquiavélico juego de la derecha y la izquierda, inventos estos del siglo XIX que contribuyeron a hacer del siglo XX una carnicería humana.

Lo que pretendo es poner el dedo en una llaga lacerante de nuestra sociedad: la mediocridad de una clase política que solo sabe repetir fórmulas frías e inútiles. Porque los tiempos que vivimos exigen soluciones nuevas, arriesgadas, creativas. Exigen confiar en la capacidad humana de encontrar oportunidades, de trabajar en equipo, de resurgir de las cenizas con savia nueva y vivificante.

Para este vino nuevo se necesitan odres nuevos.

Odres nuevos para un vino nuevo

Hacia una nueva educación

Desde que empecé a dirigir y evaluar propuestas de intervención educativa, a reflexionar sobre el estado de la cuestión y a esbozar un marco teórico coherente, se dibujan dentro de mí las que desean convertirse en líneas de una nueva educación. No de una educación concebida en términos de la modernidad ilustrada, no; más bien, la de una en consonancia con las nuevas realidades que desde hace pocos años emergen con fuerza. Los conceptos clave que de momento parecen imponerse como configuradores de lo que propongo son:

flexibilidad – fluidez – autonomía – tecnología – expresión – trabajo en equipo – creatividad – emprendimiento – generosidad – cultura – identidad.

¿Hay más conceptos clave? Seguramente. ¿Cómo se relacionan entre sí? Si, por ejemplo, tomamos el de “tecnología” (entendido aquí como TIC), podemos darnos cuenta fácilmente de cómo favorece la flexibilidad, la fluidez o la autonomía en determinados procesos; incluso el trabajo en equipo, a través de sus herramientas de comunicación y de tarea compartida.

Una última pregunta, al menos de momento: ¿es posible una transición del antiguo modelo a uno nuevo de las características que planteo?

Hacia una nueva educación