Un día más

Cada mañana, cuando despertamos, nos incorporamos de nuevo a nuestra propia biografía. No es que al dormir nos abandone la vida: esta sigue latiendo, pero en estado de inconsciencia, de imágenes que caprichosamente juegan a componer historias inconexas con nuestros recuerdos.

Me despierto: la noche aún alienta más allá de la ventana. Alguien, desde el oscuro y callado firmamento, se dispone a asistir a un nuevo episodio de mi historia.

-Ayer no me dejaste ir por donde yo quería.

No escucho su respuesta, pero de alguna manera se me revela:

-Era más emocionante por donde yo decía.

Sonrío. Mientras me aseo, porque aseado hay que ir a la aventura, pienso en el día que me espera: un episodio más en mi biografía. En mi biografía compartida, adivinada desde una insondable eternidad que en mí -alienta el misterio- se hace tiempo, acción, novela.

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Un día más

A modo de consuelo: lo real de la apariencia

No sé si un espejismo es capaz de recrear un oasis en medio del desierto. Y sin embargo, nuestra vida a veces se deleita en visiones de ensueño, frescas y agradables en medio de tanta arena calcinada. Cuando se desvanecen, queda la queja, y duele tanto saber que apenas eran sueño.

Calderón, alguna vez despertaremos, y beberemos del agua que colma sin saciar; sentiremos entonces que era real el abanico del aire; y nos asombrará saber que la apariencia no era engaño, sino verdad desnuda.

A modo de consuelo: lo real de la apariencia