Dolor, barbarie

Me sorprende la red con las noticias del atentado en Brindisi. De momento, han fallecido dos jóvenes, y otras dos se encuentran en grave estado. Las sospechas apuntan hacia la mafia.

No me puedo explicar un odio tan grande como para que alguien asesine a nuestros hijos. Hijos a los que, en la mayoría de los casos, no les ha dado tiempo a ser culpables de nada ante la sociedad. Hijos inocentes. A veces niños. El recuerdo doloroso de los horribles atentados de Noruega y los más recientes de Francia nos asaltan. Y los de la infancia víctima de los conflictos que asolan el mundo, y de la explotación en trabajos de muerte o en las redes de la prostitución.

Maldita sea la avaricia, malditos el odio y el agoísmo, y los inteseres económicos o políticos que nos ahogan con la sangre de los inocentes.

En medio del vértigo provocado por tragedias como la que hoy nos sacude, seguimos clamando por el respeto sagrado a la vida humana en todas las etapas de la vida, desde que es concebida hasta que da el salto a la eternidad. Mientras, solo nos queda compartir el dolor de unas familias que de manera bárbara y criminal se han visto privadas del rostro alegre del ser que más aman.

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Dolor, barbarie

“Entre mis recuerdos”, de Luz Casal

Ella no lo sabe, pero yo sí. Quizás sea porque con sus canciones me habla, mientras que mis escritos le son desconocidos. Da igual: lo importante, lo que me hace sentirme acompañado, es que Luz Casal y yo compartimos vivencias.

Porque sobre mí, como sobre Luz, a veces cae una pena tan honda, que llego a desear que el mundo y yo dejemos de existir; me recojo sobre mí mismo, a solas, y busco entre mis recuerdos, como queriendo encontrar el porqué de ese dolor.

Y entonces, la memoria me muestra niño en el jardín de la infancia; quizás, como recuerda Luz, frente a un mar puro y claro bajo una noche brillante, embriagado del olor del azahar. Sí, Luz, aquellos momentos eran especiales, únicos: ¿por qué nadie nos avisó de su fugacidad? ¿por qué nadie nos advirtió que no volverían nunca?

Los años han pasado y han dejado sobre nuestra piel y en nuestra carne máculas e impurezas. ¡Qué nostalgia tan aguda de aquella blanca inocencia, fugitiva como el aroma penetrante del azahar!

Y ahora, sombra entre sombras de mi estancia, miro hacia atrás.

Y me pregunto, Luz, si aún es posible reconocerme en aquel niño de ojos abiertos y extasiados que se dejaba empapar por la luz de las estrellas, que recreaba los relatos que el mar derramaba sobre la arena, que se dejaba acariciar por la brisa olor a sal.

¿Cómo volver a saberse limpio, Luz? Si es un deseo tan hondo, ¿será posible? Mi anhelo ahora, cuando languidecen los últimos acordes de tu canción, es que así sea.

“Entre mis recuerdos”, de Luz Casal