Nostalgia de otras noches

Ya ves. Esta noche me apoyo en el alféizar para mirar la noche. Todo es silencio.

Sobre tejados y antenas, alienta el universo, vasto y alegre. Un manto zafiro y terso salpica estrellas. Pero aquí abajo, donde mi vista no alcanza, los campos entresueñan con espanto la imagen altanera de la ciudad soberbia.

Cuando las horas pasen, sobre las hojas y pétalos lágrimas de rocío semejarán luceros, y el alba extenderá su velo.

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Pero ahora, lo ves, miro la noche apoyado en un alféizar que me parece gélido, emigrante obligado en un mundo de arista y simetría.

Otras noches, lejanas ya, fueron más cálidas. Las sombras alentaban misteriosas. La cama aún parecía cuna. Y a mi ventana entreabierta llegaban ecos de asombro de las estrellas. Desde su altura, envidiaban a las luciérnagas, a los peces de plata y a los dormidos pétalos.

Arista y simetría: soberbia fría. Tibias noches de entonces, ¡qué lejanas estáis, qué tan perdidas!

Nostalgia de otras noches

Y pensar…

Y pensar que chasquea Dios los dedos y una canica que no estaba estalla en carcajadas y surgen de ella no sé cuantos miles o millones de universos, así, tan gratuitamente, galaxy-11098_1280y en uno de ellos danzan asteroides y cometas, planetas e incendios circulares, y hay agujeros negros que te dicen que te engullen y que se cargan el espacio tiempo, como para decirnos que no sabemos nada, sino lo que está delante de nuestras narices, y que en uno de esos valses tan del siglo XIX corteja un planeta a su dorada estrella, y en él, equilibrio inestable, han pasado las horas con una rapidez tan increíble que ya no están los dinosaurios ni los mamuts ni los sumerios, y en este mismo instante nos hemos encontrado, dos apenas entre miles de millones. Y pensar…

-Así es la vida -me dirás-: milagro.

Y pensar…