¡Ahora!

Ahora no es mañana: es siempre ahora. Juego de palabras quizás, pero juego abierto.

Mañana no es ahora. Y cuando lo sea, ya no será mañana.

Por eso, hija mía, arrambla ese temor que te invade cuando miras al futuro.

¡Qué importa esa salvaje exigencia de productividad que asoma desde el Este! Desatiende los ríos de sangre, esos que se desbordan en Oriente. Que la marabunta sin freno y devoradora del Sur no invada tus sueños. Y, sobre todo, no mires a Europa, no escuches a esta Europa quizás muerta en su secuestro.

Mañana no es ahora. Y siempre está en tus manos diseñarlo.

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¡Ahora!

Paraguay 2013: nuestra esperanza

Desde la distancia percibo la inquietud que alienta en algunos comentarios que recorren las redes sociales en estos días de fin de año. Digo desde la distancia porque es desde la vieja Europa desde donde contemplo unas elecciones, las paraguayas, que asoman ya en el horizonte.

La inquietud no me sorprende: la oligarquía (lo sigue siendo) política del Paraguay no ha dado muestras de renovación en los años transcurridos desde la caída de Stroessner, allá por los inicios de 1989; ni siquiera en los últimos años, los malgastados desde que Lugo venció con votos colorados y liberales a una dividida Asociación Nacional Republicana.

La arena política contempla la lucha de intereses particulares y de ideologías, y del fragor de la contienda parecen haber huido los ideales de bien común, de solidaridad, generosidad y civismo. El jardín de los árboles floridos, el paraíso de la tierra sin mal y de la fecundidad de sus ríos parece ser aún un sueño lejano.

Desde la distancia te contemplo, Paraguay. Y aunque participo de tu inquietud, me aferro a la esperanza. Porque es el momento -siempre lo es- de abandonar herencias que nos lastran y renovar corazones.

Una nación no es un partido. Una nación no es una ideología, ni un grupo cerrado de intereses sectarios. Una nación surge de lo que se comparte, de la fecundidad de una tierra que se ofrece y de una cultura rica para sus hijos en recursos.

Puede que la oligarquía actual no entienda estos presupuestos. Puede también que algunos de los que han decidido responder a su vocación de servicio público reconozcan en ellos el sentido de su actuación. Y puede que una nueva generación se lance a la aventura de hacer realidad estos ideales que anidan en los corazones de tantos: ¡esta es nuestra esperanza!

Paraguay 2013: nuestra esperanza

Aunque la historia se repite, queda la esperanza

La historia se repite, una y otra vez, como si la desgracia no quisiera dejar de enseñorearse nunca del Paraguay. La noche va a ser larga, el día también. Como hace ya trece años, en aquel marzo tan caluroso.

En aquellos días, las luchas internas entre los colorados -argañistas y oviedistas- desembocaron en un juicio político y en la muerte de conciudadanos, vilmente asesinados por el fanatismo más salvaje. Hoy, los protagonistas son los mismos: facciones políticas repartidas entre el Congreso y el Palacio de López, ambos expertos jugadores en llevar y traer al pueblo por un tablero de ajedrez macabro. ¿Habrá muertos? Y si los hay, ¿serán parte de los que se juegan sus privilegios en esta partida o nuevamente compatriotas de a pie, de los que se matan día a día por sacar sus hijos adelante o por buscar el fruto esquivo en unas tierras calcinadas?

En el Marzo Paraguayo, los ciudadanos salieron a la plaza, en su gran mayoría, convencidos de que luchaban por una causa justa, por la democracia, por la justicia, por el Paraguay soñado. Como recompensa a su coraje y a su sacrificio, no recibieron a cambio sino decepción, más pobreza y corrupción descarada. ¿Va a suceder ahora lo mismo?

Hoy, como entonces, miro a los tres poderes del Estado: los tres poseen legitimidad jurídica. Legitimidad moral, ninguno.

Ojalá la esperanza sepa en qué corazones refugiarse. Seguro que los hay, y a miles e incluso a millones. Pero no en las inmediaciones de la El Paraguayo Independiente ni en los altos de Sajonia.

Aunque la historia se repite, queda la esperanza