Así es la espera

Me callo. Sé que no estás, que te has ido sin decirle nada a nadie, de incógnito. Y a pesar de que en las calles me reclama tu ausencia, guardo silencio, finjo que estás: te lo he prometido. Como tú a mí llamarme cuando regreses, corporeizar tu voz fórmula mágica en mis oídos, cogerte de mi brazo y acompasar mis pasos con los tuyos.

Eso me has prometido.

Y mientras, pasan los días y las noches velan, bajo al buzón a ver si hay carta tuya, de esas que se escribían antes, de esas impregnadas de tu olor y de tu trazo, incluso de tu acento, y juego a ser cartógrafo de los lugares que hemos recorrido juntos.

Así es la espera.

Insomne.

Larga.

Alucinada.

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Así es la espera

Punto de fuga

 

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Punto de fuga

No estabas junto a mí, como otras tardes. Por eso, al detener mis pasos casi al final del boulevard, me volví para mirar el camino recorrido, y vi todas las líneas en busca de un solo origen, de un único punto de fuga. Era más fácil así contemplar tu ausencia.

Yo mismo, lo ves, me proyecto hacia el horizonte del que han partido mis pasos, y conforme me acerco a él, me voy empequeñeciendo. Ya soy un punto allá a lo lejos. Y es entonces cuando retorno a mí, y paulatinamente mi figura se va haciendo más grande, más nítida: tanto, que en tu vacío a mi lado unas hojas doradas que lentamente caen sobre la senda me acarician, y también la brisa leve que nace de los castaños, y el chispear alegre de las farolas cuando anochezca, y algunas gotas que caen de no sé dónde.

Y me pregunto ahora si no serás las hojas, y la brisa, y la luz caprichosa de las farolas; si no serán las gotas besos de lluvia de tus labios frescos.

Ya ves: no estabas junto a mí como otras tardes. Estabas sin estar, trazo al azar, caricia inquieta.

Punto de fuga